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jueves, 19 de junio de 2008
Aprobado el TEM
Pues eso mismo, he aprobado el TEM (Técnico en Emergencia Médicas). Parece ser que fui capaz de compensar el ni dar una sola clave bien ni acertar ninguna de las de apoyo a la avanzada con el resto de preguntas. Eso, o que necesitan voluntarios como sea y se han dedicado a redondear a la gente hacia arriba (que en vista de las necesidades de los últimos eventos y la prisa con la que quieren activarnos, no es descartable del todo). Sea como fuere, después de pasar por la insufrible formación (siendo los penúltimos en aplicar el sistema antiguo), de las horas de guardia irregulares y demás parafernalia asociada, ya puedo decir que tengo el título (lo que no es estrictamente cierto, ya que aunque quieran darse prisa, el título expedido no lo tendré hasta probablemente dentro de un par de meses, la activación no la conseguirán hasta después del verano y el carné de voluntario hasta el año que viene. Me encanta la administración madrileña).
Tecleado por Moisés a las 23:35 2 comentarios
Catalogado como De guardia, Improbables proyectos
lunes, 9 de junio de 2008
Formación
Hoy ha sido el módulo diez, último módulo de la formación del SAMUR, sobre accidentes de múltiples victimas, NRBQ y los túneles de la M30. Acabaron las clases teóricas (quedándome el examen de la semana que viene, probablemente la recuperación de la siguiente y unas tres guardias para completar las horas requeridas). Aún así, es como si la formación ya hubiera concluido, por lo que aprovecharé para hacer un pequeño balance de mi experiencia.
Lamentablemente, si alguien estuviera interesado de cara a apuntarse estas reflexiones no tienen valor como referencia, ya que siguiendo la habitual ley de Murphy hemos resultado ser la última promoción en seguir el plan antiguo de formación. Lo cual no deja de resultar un alivio para las nuevas generaciones, ya que resumiendo en una idea general la formación, a pesar de ser una demostración de buena voluntad, no dejaba de ser un completo despropósito, desde la organización a los contenidos.
Empecemos por la organización: jornadas intensivas de nueve de la mañana a nueve de la noche, a escoger en turno de sábado o domingo, en principio cada dos semanas. Digo en principio, por que todo puente, festividad o evento mayor organizado por el SAMUR hace que se anulen las clases, lo que según los azares del calendario ha llegado a dar más de un mes de separación entre módulo y módulo, con el correspondiente efecto de 'desenganche' que produce). Así, un curso que debería haber durado unos seis meses se ha prolongado durante más de nueve, dando una sensación de densidad que realmente no tendría que existir. La densidad que sí es patente es la de organizar el contenido de cada módulo centrándose en la parte teórica, que ocupa toda la mañana y según el día más o menos parte de la tarde. Por ejemplo el primer módulo fueron diez insufribles horas de datos técnicos sobre el servicio, parte de ellos irrelevantes, parte incomprensibles y la parte útil generalmente asimilada durante otras clases o simplemente la experiencia. La verdad es que como medida disuasoria tiene más valor que cualquier requisito previo exigible.
El siguiente punto nefasto es la preparación previa a la primera guardia. Desde el módulo dos nos dan el equipamiento y podemos salir a hacer guardias, pero, sinceramente, tener un montón de páginas teóricas sobre el servicio (módulo uno), anatomía (básica) y unas (escasas) prácticas sobre la RCP manual (módulo dos), dista mucho de ser mínimamente adecuado para salir a la calle. La primera vez que ves la ambulancia y su material es cuando te subes a ella para realizar tu primer servicio. No es muy difícil imaginar el nivel de desconcierto e indefensión del voluntario en su primer día. Por otro lado, esa sensación no suele dar mucho, ya que el apoyo y la comprensión que prestan el 97% de los voluntarios activos para con los aspirantes hace que rápidamente te des cuenta de que compensa los defectos de la formación. Otro problema reside en ese tres por ciento de voluntarios, pero por regla general en cuanto se le de otra oportunidad a la 'prote' (término habitual para llamar a los voluntarios), difícil es que no acabe compensando cualquier mala experiencia pasada, al fin y al cabo son voluntarios y la buena voluntad y predisposición abundan.
Volviendo a la formación en si, otro de los pilares fundamentales que suele fallar es el de los formadores. Aunque su labor sea digna de elogio, ya que también son voluntarios que dedican su tiempo de forma desinteresada a enseñar a los demás, lamentablemente su buena voluntad no está siempre pareja a su capacidad de trasmitir conocimientos (o incluso la misma posesión de los conocimientos que deben enseñar). Esto convierte los módulos en una especie de ruleta en la que dependiendo del formador el mismo contenido puede desembocar en experiencias completamente opuestas. Por ejemplo, el módulo sobre anatomía/heridas y vendajes se recuerda en el grupo B como uno de teoría ligera y entretenida, con una gran cantidad de prácticas vendando y una salida anticipada. Los que lo hicimos en el grupo D lo recordamos como denso y plomizo, con la teoría alargándose hasta el último momento, en el que se nos mostró un par de escasos ejemplos sobre vendaje que ni llegamos a practicar personalmente. Hay profesores con muchos conocimientos técnicos que olvidan que no están frente a sanitarios, mientras que otros carecen de muchos de ellos pero que saben expresarse desde el punto de vista del alumno. Los hay que combinan ambas virtudes y los hay que combinan ambos defectos, lo que hace patente la necesidades una mejor 'formación de formadores'.
De mi experiencia personal me quedo como positivas las tardes prácticas de RCPs básica e instrumental, inmovilización, montaje de PMAs y manejo de equipos NRBQ; el día de apoyo a la avanzada (en el que los formadores decidieron pasar de la teoría y dar un día completo de prácticas: por la mañana familiarización con el material y técnicas y por la tarde realización de casos prácticos); de teoría los módulos sobre AMVs, catástrofes, incendios, actuación NRBQ y el segundo sobre heridas fueron aceptables. Como puntos negativos el resto de teoría (aunque tengo que reconocer que colaboré en hacerlos negativos con mi habitual capacidad de 'abstracción del mundo material'), las prácticas de vendajes, los vehículos (que sólo pudimos ver en fotografías), el manejo del tetra y las comunicaciones (que brilla por su ausencia) y la familiarización con el entorno de trabajo (idem).
En resumen, una idea muy buena, mucha buena voluntad, pero un desarrollo pésimo.
Aún así, recomiendo encarecidamente a cualquiera que tenga clavada la espina de no haberse dedicado al mundo sanitario, que siendo de ese mundo quiera completar sus conocimientos y formación, al que le gusten estas cosas, al tenga ganas de colaborar en un servicio de voluntariado, o al que simplemente sienta curiosidad, que no dude en apuntarse, pues a pesar de lo negativo que haya podido parecer este resumen realmente merece la pena (si no lo habría dejado hace tiempo y aquí sigo). Además, como he mencionado, se ha cambiado el sistema de formación. Llevaban bastante tiempo intentando cambiarla (por ejemplo durante la nuestra nos hicieron un par de encuestas-entrevistas sobre la formación y como mejorarla) y el nuevo tiene muy buena pinta. Hoy la mayoría de nosotros estábamos maldiciendo nuestra suerte al ver como los que acababan de entrar al módulo uno hacían pruebas con el tetra por el edificio de formación y eran llevados por la tarde a base cero para enseñarles las ambulancias, su instrumental por encima y los diferentes vehículos especiales del servicio. Quien hubiese podido disfrutar de ese tipo de formación...
Lamentablemente, si alguien estuviera interesado de cara a apuntarse estas reflexiones no tienen valor como referencia, ya que siguiendo la habitual ley de Murphy hemos resultado ser la última promoción en seguir el plan antiguo de formación. Lo cual no deja de resultar un alivio para las nuevas generaciones, ya que resumiendo en una idea general la formación, a pesar de ser una demostración de buena voluntad, no dejaba de ser un completo despropósito, desde la organización a los contenidos.
Empecemos por la organización: jornadas intensivas de nueve de la mañana a nueve de la noche, a escoger en turno de sábado o domingo, en principio cada dos semanas. Digo en principio, por que todo puente, festividad o evento mayor organizado por el SAMUR hace que se anulen las clases, lo que según los azares del calendario ha llegado a dar más de un mes de separación entre módulo y módulo, con el correspondiente efecto de 'desenganche' que produce). Así, un curso que debería haber durado unos seis meses se ha prolongado durante más de nueve, dando una sensación de densidad que realmente no tendría que existir. La densidad que sí es patente es la de organizar el contenido de cada módulo centrándose en la parte teórica, que ocupa toda la mañana y según el día más o menos parte de la tarde. Por ejemplo el primer módulo fueron diez insufribles horas de datos técnicos sobre el servicio, parte de ellos irrelevantes, parte incomprensibles y la parte útil generalmente asimilada durante otras clases o simplemente la experiencia. La verdad es que como medida disuasoria tiene más valor que cualquier requisito previo exigible.
El siguiente punto nefasto es la preparación previa a la primera guardia. Desde el módulo dos nos dan el equipamiento y podemos salir a hacer guardias, pero, sinceramente, tener un montón de páginas teóricas sobre el servicio (módulo uno), anatomía (básica) y unas (escasas) prácticas sobre la RCP manual (módulo dos), dista mucho de ser mínimamente adecuado para salir a la calle. La primera vez que ves la ambulancia y su material es cuando te subes a ella para realizar tu primer servicio. No es muy difícil imaginar el nivel de desconcierto e indefensión del voluntario en su primer día. Por otro lado, esa sensación no suele dar mucho, ya que el apoyo y la comprensión que prestan el 97% de los voluntarios activos para con los aspirantes hace que rápidamente te des cuenta de que compensa los defectos de la formación. Otro problema reside en ese tres por ciento de voluntarios, pero por regla general en cuanto se le de otra oportunidad a la 'prote' (término habitual para llamar a los voluntarios), difícil es que no acabe compensando cualquier mala experiencia pasada, al fin y al cabo son voluntarios y la buena voluntad y predisposición abundan.
Volviendo a la formación en si, otro de los pilares fundamentales que suele fallar es el de los formadores. Aunque su labor sea digna de elogio, ya que también son voluntarios que dedican su tiempo de forma desinteresada a enseñar a los demás, lamentablemente su buena voluntad no está siempre pareja a su capacidad de trasmitir conocimientos (o incluso la misma posesión de los conocimientos que deben enseñar). Esto convierte los módulos en una especie de ruleta en la que dependiendo del formador el mismo contenido puede desembocar en experiencias completamente opuestas. Por ejemplo, el módulo sobre anatomía/heridas y vendajes se recuerda en el grupo B como uno de teoría ligera y entretenida, con una gran cantidad de prácticas vendando y una salida anticipada. Los que lo hicimos en el grupo D lo recordamos como denso y plomizo, con la teoría alargándose hasta el último momento, en el que se nos mostró un par de escasos ejemplos sobre vendaje que ni llegamos a practicar personalmente. Hay profesores con muchos conocimientos técnicos que olvidan que no están frente a sanitarios, mientras que otros carecen de muchos de ellos pero que saben expresarse desde el punto de vista del alumno. Los hay que combinan ambas virtudes y los hay que combinan ambos defectos, lo que hace patente la necesidades una mejor 'formación de formadores'.
De mi experiencia personal me quedo como positivas las tardes prácticas de RCPs básica e instrumental, inmovilización, montaje de PMAs y manejo de equipos NRBQ; el día de apoyo a la avanzada (en el que los formadores decidieron pasar de la teoría y dar un día completo de prácticas: por la mañana familiarización con el material y técnicas y por la tarde realización de casos prácticos); de teoría los módulos sobre AMVs, catástrofes, incendios, actuación NRBQ y el segundo sobre heridas fueron aceptables. Como puntos negativos el resto de teoría (aunque tengo que reconocer que colaboré en hacerlos negativos con mi habitual capacidad de 'abstracción del mundo material'), las prácticas de vendajes, los vehículos (que sólo pudimos ver en fotografías), el manejo del tetra y las comunicaciones (que brilla por su ausencia) y la familiarización con el entorno de trabajo (idem).
En resumen, una idea muy buena, mucha buena voluntad, pero un desarrollo pésimo.
Aún así, recomiendo encarecidamente a cualquiera que tenga clavada la espina de no haberse dedicado al mundo sanitario, que siendo de ese mundo quiera completar sus conocimientos y formación, al que le gusten estas cosas, al tenga ganas de colaborar en un servicio de voluntariado, o al que simplemente sienta curiosidad, que no dude en apuntarse, pues a pesar de lo negativo que haya podido parecer este resumen realmente merece la pena (si no lo habría dejado hace tiempo y aquí sigo). Además, como he mencionado, se ha cambiado el sistema de formación. Llevaban bastante tiempo intentando cambiarla (por ejemplo durante la nuestra nos hicieron un par de encuestas-entrevistas sobre la formación y como mejorarla) y el nuevo tiene muy buena pinta. Hoy la mayoría de nosotros estábamos maldiciendo nuestra suerte al ver como los que acababan de entrar al módulo uno hacían pruebas con el tetra por el edificio de formación y eran llevados por la tarde a base cero para enseñarles las ambulancias, su instrumental por encima y los diferentes vehículos especiales del servicio. Quien hubiese podido disfrutar de ese tipo de formación...
Tecleado por Moisés a las 1:39 4 comentarios
Catalogado como De guardia
lunes, 12 de mayo de 2008
Módulo y Jornadas sobre Catástrofes
Después de horas de teoría infumable y soporífera (que me han echo volver a recuperar el título habitual de toda clase a las que asisto, "el que se queda sobao"), ayer, en el módulo sobre AMV (acidentes de multiples victimas) y catastrofes tuvimos una de las mejores tardes de prácticas del TEM: la de montaje de PMAs, Puesto Medico Avanzado, que no son otra cosa que las tiendas grades esas amarillas que alguna vez habréis visto por televisión.
Lástima de no haber tenido cámara de fotos durante el módulo, habrá que conformarse con una de archivo
Fue todo un espectáculo, ya que nos dividieron en grupos, siendo en el que estaba el más pequeño y el primero a la hora de ir montando los diferentes tipos de tiendas, lo que los profesores aprovecharon para usar la técnica didáctica de "apañaros como podáis", a fin de fuesemos cometiendo los errores más habituales y descubriendo la manera correcta y fácil de hacerlo a base de ir experimentando. Si al desconocimiento de la técnica le añadimos tres bomberos musculados en el equipo, acabamoshaciendo los montajes "a la bilbaina", por ejemplo en el PMA autohinchable pusimos las barras laterales con la tienda completamente hinchada y, por lo tanto, rígida e inamovible; o en el PMA de varillas (para que os hagáis una idea, como la tienda de Druchii pero cinco o seis veces más grande), una vez montando el techo y colocada la lona lo levantamos a pulso de las cuatro esquinas y colocamos los soportes (a mí me tuvieron que ayudar ya que no tenía fuerza para ahcer ambas cosas) con el techo en vilo, en vez de levantar primero un lado y luego otro.
Como comentamos en el módulo, con una de estas en la zona de acamapada de cualquier festival triunfas
En fin, a lo otro que iba (como me gusta enrollarme). Los días 23, 24 y 25 del presente mes (mayo) se celebran las "XVII Jornadas Municipales sobre Catástrofes", organizadas por los servicios de emergencias. Ya sé que no son la fechas más idóneas, en plena campaña pre-exámenes, y que tampoco son muy interesantes para aquellos que no estén interesados en el mundillo, pero invito a quien se quiera pasar a que lo haga, sobretodo el domingo, ya que se realiza una simulación de AMV-catástrofe, que otros años ha sido un auténtico espectáculo. Os dejo algunas fotos de jornadas anteriores, a ver si os animáis a pasar (las dos anteriores también son de jornadas pasadas):
XVI Jornadas
XV Jornadas
XIV Jornadas
XIII Jornadas
Tecleado por Moisés a las 14:24 3 comentarios
Catalogado como De guardia
domingo, 17 de febrero de 2008
Aquella primera vez
En el tren de camino a base cero, al estar sentado, por debajo del abrigo asomaban los reflectantes y medio símbolo, de modo que cualquiera que se fijase detenidamente o estuviera familiarizado con ellos podría reconocerlos. Le habían dejado claro que ser identificado de uniforme le obligaba a responder ante cualquier imprevisto, lo cual, dada su nula experiencia, sin contar con el respaldo de compañeros, medios y la central, no podía deparar nada bueno en caso de haber complicaciones. Aún así, no se preocupaba demasiado por ello, pues como la mayoría de los ocupantes del tren a esas horas, estaba demasiado absorto en sus propios pensamientos como para ir analizando al resto de viajeros. Mientras contemplaba el paisaje en movimiento por la ventana, se seguía replanteando sus motivaciones. Sabía que iba en busca del dolor ajeno con el objetivo de paliar el suyo, echando por tierra todos los principios de altruismo que deberían estar presentes y manchando las buenas intenciones anteriores o futuras, imposibilantando cualquier mérito posterior por su labor. Había aprendido a conocerse y era inútil intentar engañarse a si mismo, ni siquiera trataba de justificar su pena en tópicos como el fracaso académico o sentimental, pues no hubiera sido más que una pobre excusa para tapar el desprecio que sentía por él mismo.
Llegado a base cero, se apartó de dichos pensamientos según se iba aproximando al Lima, dado que, independientemente de sus motivaciones, no pensaba dejar que influyeran en sus actos. Habiendo acudido desde el primer día por voluntad propia y sin ánimo de lucro, odiaba a aquellos que venían sin desearlo y lo último que hubiese deseado era actuar como ellos. Una vez asignada su unidad, se dirigió al encuentro de sus compañeros rezando para que no fueran de ese tipo de personas. Siendo activos las probabilidades eran escasas, pero nunca se sabía. Fue saludando a los que se iba cruzando de camino a la nave, impresionando con la actividad que se desplegaba en los cambios de turno. Base cero, normalmente de una quietud casi inquietante, era un hervidero de gente que llegaba, gente que se iba, conocidos saludándose al paso, comentarios de lo acontecido durante el último turno, expectativas para el siguiente, quejas contra los que se estaban retrasando, quejas de los que se habían visto obligados a retrasarse. Para ser un lugar asociado con el dolor y la muerte, rebosaba vida y la mayoría de los que regresaban, a pesar del cansancio o de lo que pudieran haber visto, tenían la sonrisa del que se siente orgulloso y satisfecho con lo que hace.
Una vez localizada su unidad, después de que le tuvieran que indicar a dónde dirigirse, se presentó a sus compañeros. Era la primera vez que los veía, puede que no volviese a verlos, pero eso pasaría a ser un detalle sin importancia, ya que durante las próximas horas iba a confiar en ellos como si los conociese de siempre. Habían pasado a ser un equipo, de sus acciones dependería el bienestar de otras personas, por lo que deberían organizarse, compenetrarse y ayudarse sin dejar lugar a individualismos o desconfianzas que sólo traerían complicaciones. Además, como aspirante que era, le restaba mucho por aprender y estaba más que dispuesto a preguntar, escuchar y aprender de aquellos que tenían más experiencia que él. Se alegró de poder comprobar simplemente mirándoles a los ojos de que había dado con gente abierta y sociable, dispuesta a colaborar, comprender y aconsejar. La jornada prometía ser interesante.
Resultó ser más de lo que había podido imaginar.
Se pusieron en marcha a la base adjudicada, la número ocho, mientras se desarrollaban las típicas preguntas de los que acaban de conocerse, deteniéndose a comprar algo para comer por el camino. Cuando llegaron a la base, se sorprendió de lo espaciosa que era. Esperaba encontrarse una pequeña sala de espera y se encontró con el equivalente a un apartamento, con cocina, dos habitaciones para dormir, una pequeña sala de estudio y baños separados para hombres y mujeres. También tristemente famosa por perder la señal de televisión a ratos, sobre lo cual se hicieron bastantes comentarios, dada su ocupación habitual. Aunque debería haber funcionarios presentes, pues su turno comienza antes para facilitar los relevos, la base estaba vacía, lo que aumentaba la sensación de espacio. Casi al momento llegaron, comentando que iba a ser una guardia tranquila, pues era uno de esos días en los que se habían llenado las plazas y tenían más gente de la que era necesaria. Sin ir más lejos en esa misma base, normalmente de las más movidas, había tres equipos en vez de los dos habituales, así que eran más a repartirse el trabajo, y ellos, los últimos en ser llamados por su falta de nivel.
Aún así, no hay nada que no esté sujeto a las leyes de Murphi, pues mientras estaban comiendo el tetra emitió su característico pitido indicando que tenían un aviso. Dejó el bocadillo a medias sobre la mesa, el corazón acelerado por la emoción, y siguió a sus compañeros mientras daban las claves uno y dos. El aviso había entrado como un dos-tres, una de esas opciones comodín de las que se podía esperar cualquier cosa, lo que no sirvió para mejorar sus nervios. Descubrió lo difícil que resultaba ponerse los guantes, maldiciendo las horas de teoría infumables que se habían podido aprovechar para practicar ese tipo de cosas antes de permitir ir a la calle. Atravesaron el tráfico de Madrid a buena velocidad, lo que para una persona acostumbrada a ver las mareas de coches desde la acera no puedo ser menos que impactante. Llegaron al lugar del aviso en pocos minutos, dándose entonces cuenta de que no estando ni el puesto del conductor ni encargándose de las comunicaciones le correspondía a él ser el primero en bajarse.
Localizaron a la persona que se encontraba tendida en el suelo, y tras cerciorarse de que no había ningún tipo de peligro en las proximidades, procedieron a acercarse. Aunque para ser fieles a la verdad, se acercaron sus compañeros, pues él se había quedado clavado al suelo. Sus músculos se negaban a responder. Aunque la calle, al lado de un parque y rodeados de curiosos, era muy ruidosa, no distinguía más que un amortiguado murmullo de fondo. Uno de sus compañeros se volvió para decirle algunas palabras de ánimo, pero no consiguió distinguirlas. Seguía viendo la escena con total nitídez, pero tenía la sensación de que aquello no tenía que ver con él. Intentó calmarse, centrarse en lo que había venido a hacer...
... y consiguió reaccionar. Apenas habían pasado un par de segundos. Mantuvo el ruido general en un murmullo para que no le distrajese, pero filtró las voces de sus compañeros y logró oírlos con perfecta claridad. Se acercó a ellos, dejándoles hacer consciente de su falta de experiencia, atento a cualquier ayuda que pudiera prestar y grabando mentalmente la actuación dispuesto a no dejar de aprender. Sabía a lo que venía y tenía la intención de esforzarse al máximo, sin ser una molestia. Aunque nadie pudiera darse cuenta, se había producido un cambio.
Al final el aviso resultó no ser más que un indigente tumbado al sol, que salió corriendo tras unos jóvenes que le estuvieron provocando. Regresaron a la base comentando que había sido un poco atípica y decepcionante como primera intervención. Sin embargo, él pensaba lo contrario, pues le había servido para darse cuenta de sus miedos e incapacidades, independientemente del resultado. Pasaron el resto del turno bastante tranquilos, atendieron dos avisos más en los que tuvieron que tratar heridas leves de un tres-nueve en Atocha y de un dos-tres de un drogodependiente rehabilitado al que hubo que trasladar desde su centro. Estuvieron charlando con los funcionarios y comentando los gajes del oficio. Se perdieron un tres-uno por un par de minutos, pues fue dado nada más llegar a base la unidad de funcionarios que les estaba levantando los avisos, una lástima, ya que hubiera sido toda una experiencia para una primera guardia. Aún así fueron unas horas que difícilmente olvidaría.
Acabado el aviso del drogodependiente, que había sido a última hora y ya pasaban del cambio de turno, le dejaron en base cero mientras acababan de realizar las revisiones y tramites del fin de turno, pues para ese primer día había solicitado doblar turno haciendo el segundo con funcionarios. Al despedirse le desearon una buena guardia y le dijeron el típico "a ver si coincidimos en una próxima".
Parecía la típica frase que se dice como mero formalismo. De hecho, es más que probable que para dos de los interlocutores careciera de significado o intención. Sin embargo, para el tercero estaba llena de significado. Pues le planteaba una de las dudas que había estado evitando hasta entonces: si seguiría adelante con eso. Por segunda vez en ese día el tiempo pareció distorsionarse, alargándose. Pensó en la inseguridad ante los avisos en los que no sabría como reaccionar. En la satisfacción de hacer lo que creía correcto. En la frustración ante lo irrecuperable. Las miradas iluminadas de los que esperan la salvación. Las del odio cuando no se produce. La impotencia del realmente no sabe nada. EL miedo. El altruismo. Vergüenza. Orgullo. Vida muerte esperanza desesperación...
"Sí, a ver si en una próxima".
El formalismo que cabe esperar como respuesta. Pero más allá de lo que cualquier espectador de la conversación hubiera podido apreciar, en esa afirmación estaba encerrada la voluntad de volver. Apenas unas horas antes había descubierto la voluntad de actuar, de superarse ante lo que aconteciese. Y en aquella segunda pregunta había redescubierto la voluntad necesaria para, una vez actuado una primera vez en lo desconocido, regresar una vez más sabiendo con lo que se encontraría, ya que a pesar de todo lo negativo que podía haber, quedaba compensado con lo positivo y con el hecho de que, fuera por lo que fuera, le gustaba. Cogió sus cosas y se encaminó una vez más al encuentro del Lima, para saber con que unidad haría el siguiente turno. Ahora, con la seguridad de que estaba donde quería, de que disfrutaba con ello y la certeza de que volvería más veces, fue a conocer a sus nuevos compañeros. Comenzaba un nuevo capítulo en la aventura de su vida.
Ahora estoy contemplando el uniforme sobre la cama. Apenas usado, conserva sus vivos colores, contrastando con los colores apagados de la ajada colcha, como una exclamación acusadora. En otra ventana del ordenador está la lista de aprobados del examen del TEM básico. Han pasado ya varios meses desde aquella primera guardia. Más aún si contamos desde que empecé con la formación teórica. En estos meses he tenido varios momentos en los que me he planteado dejarlo y otros tantos en los que me tenía claro que no lo dejaría. A pesar de todo lo que me prometí a mí mismo aquel día, sigo estando lleno de dudas. En el fondo poco he cambiado en ese aspecto. Aunque sigo intentándolo. Hasta ahora no lo había comentado, pues hasta ahora era algo que quería hacer por mí y para mí mismo, sin dejarme influenciar por opiniones ajenas ni tener que justificarme o explicarme. Anteriormente buscaba el apoyo o presión general para intentar animarme con ciertos objetivos, con resultados nulos, o incluso negativos al tener que exponer mis fracasos. Por eso esta vez lo he mantenido oculto. Y hasta ahora he conseguido mantenerme firme. Pero tras el reciente fracaso de mi fuerza de voluntad en los exámenes de febrero, me he planteado su irrelevancia y me ha llevado a recordar aquella primera guardia en el SAMUR.

Llegado a base cero, se apartó de dichos pensamientos según se iba aproximando al Lima, dado que, independientemente de sus motivaciones, no pensaba dejar que influyeran en sus actos. Habiendo acudido desde el primer día por voluntad propia y sin ánimo de lucro, odiaba a aquellos que venían sin desearlo y lo último que hubiese deseado era actuar como ellos. Una vez asignada su unidad, se dirigió al encuentro de sus compañeros rezando para que no fueran de ese tipo de personas. Siendo activos las probabilidades eran escasas, pero nunca se sabía. Fue saludando a los que se iba cruzando de camino a la nave, impresionando con la actividad que se desplegaba en los cambios de turno. Base cero, normalmente de una quietud casi inquietante, era un hervidero de gente que llegaba, gente que se iba, conocidos saludándose al paso, comentarios de lo acontecido durante el último turno, expectativas para el siguiente, quejas contra los que se estaban retrasando, quejas de los que se habían visto obligados a retrasarse. Para ser un lugar asociado con el dolor y la muerte, rebosaba vida y la mayoría de los que regresaban, a pesar del cansancio o de lo que pudieran haber visto, tenían la sonrisa del que se siente orgulloso y satisfecho con lo que hace.
Una vez localizada su unidad, después de que le tuvieran que indicar a dónde dirigirse, se presentó a sus compañeros. Era la primera vez que los veía, puede que no volviese a verlos, pero eso pasaría a ser un detalle sin importancia, ya que durante las próximas horas iba a confiar en ellos como si los conociese de siempre. Habían pasado a ser un equipo, de sus acciones dependería el bienestar de otras personas, por lo que deberían organizarse, compenetrarse y ayudarse sin dejar lugar a individualismos o desconfianzas que sólo traerían complicaciones. Además, como aspirante que era, le restaba mucho por aprender y estaba más que dispuesto a preguntar, escuchar y aprender de aquellos que tenían más experiencia que él. Se alegró de poder comprobar simplemente mirándoles a los ojos de que había dado con gente abierta y sociable, dispuesta a colaborar, comprender y aconsejar. La jornada prometía ser interesante.
Resultó ser más de lo que había podido imaginar.
Se pusieron en marcha a la base adjudicada, la número ocho, mientras se desarrollaban las típicas preguntas de los que acaban de conocerse, deteniéndose a comprar algo para comer por el camino. Cuando llegaron a la base, se sorprendió de lo espaciosa que era. Esperaba encontrarse una pequeña sala de espera y se encontró con el equivalente a un apartamento, con cocina, dos habitaciones para dormir, una pequeña sala de estudio y baños separados para hombres y mujeres. También tristemente famosa por perder la señal de televisión a ratos, sobre lo cual se hicieron bastantes comentarios, dada su ocupación habitual. Aunque debería haber funcionarios presentes, pues su turno comienza antes para facilitar los relevos, la base estaba vacía, lo que aumentaba la sensación de espacio. Casi al momento llegaron, comentando que iba a ser una guardia tranquila, pues era uno de esos días en los que se habían llenado las plazas y tenían más gente de la que era necesaria. Sin ir más lejos en esa misma base, normalmente de las más movidas, había tres equipos en vez de los dos habituales, así que eran más a repartirse el trabajo, y ellos, los últimos en ser llamados por su falta de nivel.
Aún así, no hay nada que no esté sujeto a las leyes de Murphi, pues mientras estaban comiendo el tetra emitió su característico pitido indicando que tenían un aviso. Dejó el bocadillo a medias sobre la mesa, el corazón acelerado por la emoción, y siguió a sus compañeros mientras daban las claves uno y dos. El aviso había entrado como un dos-tres, una de esas opciones comodín de las que se podía esperar cualquier cosa, lo que no sirvió para mejorar sus nervios. Descubrió lo difícil que resultaba ponerse los guantes, maldiciendo las horas de teoría infumables que se habían podido aprovechar para practicar ese tipo de cosas antes de permitir ir a la calle. Atravesaron el tráfico de Madrid a buena velocidad, lo que para una persona acostumbrada a ver las mareas de coches desde la acera no puedo ser menos que impactante. Llegaron al lugar del aviso en pocos minutos, dándose entonces cuenta de que no estando ni el puesto del conductor ni encargándose de las comunicaciones le correspondía a él ser el primero en bajarse.
Localizaron a la persona que se encontraba tendida en el suelo, y tras cerciorarse de que no había ningún tipo de peligro en las proximidades, procedieron a acercarse. Aunque para ser fieles a la verdad, se acercaron sus compañeros, pues él se había quedado clavado al suelo. Sus músculos se negaban a responder. Aunque la calle, al lado de un parque y rodeados de curiosos, era muy ruidosa, no distinguía más que un amortiguado murmullo de fondo. Uno de sus compañeros se volvió para decirle algunas palabras de ánimo, pero no consiguió distinguirlas. Seguía viendo la escena con total nitídez, pero tenía la sensación de que aquello no tenía que ver con él. Intentó calmarse, centrarse en lo que había venido a hacer...
El tiempo se detuvo. Mi vida pasaba ante mis ojos. Sólo que no era exactamente mi vida al completo, si no más bien como si un macabro director excesivamente cruel hubiera seleccionado sólo las peores escenas. En las que no había sabido como actuar. En las que había actuado como un cobarde. En las que me había sentido culpable. En las que me había avergonzado. En las que había sido humillado. En las que había huido. En las que el miedo me había impedido actuar. En las que había intentado cambiar sólo para recaer en mis errores. En las que me había sentido inseguro. La proyección dio paso a la escena actual y una única idea brilló en mi mente: esta vez iba a ser diferente. Había llegado a un punto de inflexión en el que no estaba dispuesto a seguir siendo así. Había llegado el momento de empezar a cambiar y a obrar en consecuencia. Me dije a mí mismo que esta vez el cambio era para mantenerse.
... y consiguió reaccionar. Apenas habían pasado un par de segundos. Mantuvo el ruido general en un murmullo para que no le distrajese, pero filtró las voces de sus compañeros y logró oírlos con perfecta claridad. Se acercó a ellos, dejándoles hacer consciente de su falta de experiencia, atento a cualquier ayuda que pudiera prestar y grabando mentalmente la actuación dispuesto a no dejar de aprender. Sabía a lo que venía y tenía la intención de esforzarse al máximo, sin ser una molestia. Aunque nadie pudiera darse cuenta, se había producido un cambio.
Al final el aviso resultó no ser más que un indigente tumbado al sol, que salió corriendo tras unos jóvenes que le estuvieron provocando. Regresaron a la base comentando que había sido un poco atípica y decepcionante como primera intervención. Sin embargo, él pensaba lo contrario, pues le había servido para darse cuenta de sus miedos e incapacidades, independientemente del resultado. Pasaron el resto del turno bastante tranquilos, atendieron dos avisos más en los que tuvieron que tratar heridas leves de un tres-nueve en Atocha y de un dos-tres de un drogodependiente rehabilitado al que hubo que trasladar desde su centro. Estuvieron charlando con los funcionarios y comentando los gajes del oficio. Se perdieron un tres-uno por un par de minutos, pues fue dado nada más llegar a base la unidad de funcionarios que les estaba levantando los avisos, una lástima, ya que hubiera sido toda una experiencia para una primera guardia. Aún así fueron unas horas que difícilmente olvidaría.
Acabado el aviso del drogodependiente, que había sido a última hora y ya pasaban del cambio de turno, le dejaron en base cero mientras acababan de realizar las revisiones y tramites del fin de turno, pues para ese primer día había solicitado doblar turno haciendo el segundo con funcionarios. Al despedirse le desearon una buena guardia y le dijeron el típico "a ver si coincidimos en una próxima".
Parecía la típica frase que se dice como mero formalismo. De hecho, es más que probable que para dos de los interlocutores careciera de significado o intención. Sin embargo, para el tercero estaba llena de significado. Pues le planteaba una de las dudas que había estado evitando hasta entonces: si seguiría adelante con eso. Por segunda vez en ese día el tiempo pareció distorsionarse, alargándose. Pensó en la inseguridad ante los avisos en los que no sabría como reaccionar. En la satisfacción de hacer lo que creía correcto. En la frustración ante lo irrecuperable. Las miradas iluminadas de los que esperan la salvación. Las del odio cuando no se produce. La impotencia del realmente no sabe nada. EL miedo. El altruismo. Vergüenza. Orgullo. Vida muerte esperanza desesperación...
"Sí, a ver si en una próxima".
El formalismo que cabe esperar como respuesta. Pero más allá de lo que cualquier espectador de la conversación hubiera podido apreciar, en esa afirmación estaba encerrada la voluntad de volver. Apenas unas horas antes había descubierto la voluntad de actuar, de superarse ante lo que aconteciese. Y en aquella segunda pregunta había redescubierto la voluntad necesaria para, una vez actuado una primera vez en lo desconocido, regresar una vez más sabiendo con lo que se encontraría, ya que a pesar de todo lo negativo que podía haber, quedaba compensado con lo positivo y con el hecho de que, fuera por lo que fuera, le gustaba. Cogió sus cosas y se encaminó una vez más al encuentro del Lima, para saber con que unidad haría el siguiente turno. Ahora, con la seguridad de que estaba donde quería, de que disfrutaba con ello y la certeza de que volvería más veces, fue a conocer a sus nuevos compañeros. Comenzaba un nuevo capítulo en la aventura de su vida.
Ahora estoy contemplando el uniforme sobre la cama. Apenas usado, conserva sus vivos colores, contrastando con los colores apagados de la ajada colcha, como una exclamación acusadora. En otra ventana del ordenador está la lista de aprobados del examen del TEM básico. Han pasado ya varios meses desde aquella primera guardia. Más aún si contamos desde que empecé con la formación teórica. En estos meses he tenido varios momentos en los que me he planteado dejarlo y otros tantos en los que me tenía claro que no lo dejaría. A pesar de todo lo que me prometí a mí mismo aquel día, sigo estando lleno de dudas. En el fondo poco he cambiado en ese aspecto. Aunque sigo intentándolo. Hasta ahora no lo había comentado, pues hasta ahora era algo que quería hacer por mí y para mí mismo, sin dejarme influenciar por opiniones ajenas ni tener que justificarme o explicarme. Anteriormente buscaba el apoyo o presión general para intentar animarme con ciertos objetivos, con resultados nulos, o incluso negativos al tener que exponer mis fracasos. Por eso esta vez lo he mantenido oculto. Y hasta ahora he conseguido mantenerme firme. Pero tras el reciente fracaso de mi fuerza de voluntad en los exámenes de febrero, me he planteado su irrelevancia y me ha llevado a recordar aquella primera guardia en el SAMUR.
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Catalogado como De guardia
miércoles, 16 de enero de 2008
Desmitificando
Pongámonos en una situación bastante típica: nos encontramos bien cenando en casa de los suegros bien de tapas con los amigos. Alguien, por un motivo indefinido, se atraganta y empieza a toser. Esto desemboca siempre en una ley inmutable de acción y reacción: una de las personas que se encuentre a su lado actuará dedicándose a darle palmadas en la espalda y otra de las personas reaccionará diciendo el clásico "cuando una persona se atraganta nunca hay que golpearla en la espalda". Porque todos sabemos que nunca hay que golpear en la espalda a una persona que se atraganta.
¿Estamos seguros?
En caso afirmativo, de lo que sí estoy seguro es que os quedaríais como mínimo desconcertados si hubiera que llamar a los servicios de emergencia (ojalá nunca tengáis que hacerlo) y estos al llegar se dedicasen a machacarle la espalda. En serio. Ya que, en contra de la creencia generalizada, lo primero que se le hace a una persona atragantada antes de recurrir a la maniobra Heimlich es golpearle la espalda.
Maticemos un poco lo de "golpear la espalda". Las palmadas en el omóplato, que son las que se realizan por instinto, no sirven para nada, no os vayáis a llevar a engaño. El procedimiento de emergencia consiste en "golpes secos interescapulares con el talón de la mano", lo que viene a ser en la región entre los omóplatos. Podéis encontrar el procedimiento completo en Internet, así como el de todo tipo de actuaciones en caso de emergencia. En vez de tanto debate sobre la religión o la ciudadanía como asignaturas lo que se debería incluir es algún que otro cursillo sobre como actuar en caso de emergencias, ya que si preguntas a los espectadores de una emergencia en la que se hubiesen salvado vidas de haber intervenido por qué no actuaron, más que el miedo o la falta de ganas de cooperar la respuesta más difundida es el "no sabía que hacer".
De todos modos lo que quería destacar hoy no es la falta de conocimientos de primeros auxilios y su necesidad o falta de ella, que es un tema que da para mucho. Retomando el comienzo que levanten la mano aquellos que se hubiesen apostado por el "nunca hay que golpear la espalda de un atragantado". Porque todos hemos oído alguna vez esta afirmación y la hemos dado por correcta sin planteárnoslo.
Obviamente este es un ejemplo un poco rebuscado, pero es algo que pasa en ocasiones: tomamos nuestras decisiones en base a suposiciones incorrectas. A veces nuestros razonamientos parten del "se supone que", ya que damos por ciertas muchas cosas cuando no tienen por que serlo. Es necesario replantease de vez en cuando en que no estamos basando, sobretodo en aquellas ocasiones en las que no hacemos algo que queremos porque suponemos que no podemos hacerlo.
Eso sí, tampoco es plan de ponerse a cuestionarlo todo, de preguntarse por cada principio, de querer asegurarse por uno mismo de todas las cosas, de la búsqueda de la perfección. Al fin y al cabo, nunca se puede estar del todo seguro. Ni se puede pretender saberlo todo. Simplemente en buscar respuestas más allá del conformismo.
Y como de costumbre, nada nos asegura que no lo estemos empeorando. En el ejemplo del principio, ¿quién nos asegura que realmente ese procedimiento es válido? A los que respondan que son los entendidos de la materia les ruego que comiencen el debate con los que opinan que si fuese por los supuestos entendidos del pasado la Tierra seguiría siendo plana.
Tecleado por Moisés a las 18:15 2 comentarios
Catalogado como De guardia, Simplem. reflexionando, Subcultura general
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